AKLAN es una palabra mágica, me la dio Rafa. Me la regalo desde lejos, desde el hospital, no sabía que se estaba muriendo, quería crear un símbolo, un logotipo para mi firma de abogados, llegó en forma de dibujo, en el mostrador de Copyur, se les había roto la máquina de láser y me dijerón que el diseño costaba mucho dinero y que en ese momento no podían, así, pues, compré un lápiz de doble punta verde y azul y les pedí un folio blanco, allí apareció todo lo que imaginaba, perfecto en su simplicidad, extraño para un despacho de abogados, más apropiado para una actividad relacionada con las artes. A veces, la vida resulta extraña y cuando lo piensas, todo confluye hacia un punto y todo cambia en él, cuando dos personas se cruzan y conectan. Recuerdo aquel muchacho que iba a verme casi todos los días, hablabamos cuando ya no había día, la luz de los fluorescentes nos alumbraba, allí no se veían las estrellas ni la luna, que tanto le gustaban, paso el tiempo y me comentó que tenía un programa de radio, que emitía desde Aracena, en aquel entonces estaba muy ocupada, convirtiendo un niño en hombre, ahora que no está, lo escucho en el silencio de la noche, cogo mis cascos y busco la voz, me interesa lo que dice, me gusta la música que le gustaba, sigo buceando mar adentro en sus letras, las palabras quedarón escritas y en suspenso en un viaje sin fin en las ondas emitida por su programa de radio, la isla de Aklan, la voz, las canciones y los sonidos  flotan. Nunca fuimos indiferentes el uno del otro, él siempre me miraba, donde me viese, y siempre quise correr detrás, pero en lugar de eso, iba en dirección contraria, tenía que haberme guardado, pero me pasó algo inesperado, el deseo del encuentro, fue expresado, como respuesta a una preguntada formulada en el aire, "¿Qué quieres?, estar en tus brazos, solo eso. Esta la historia de un amor a destiempo, imposible e improbale, que fue como todos los amores que reúnen esas características el mayor amor, ...